«Cambié las cañas (cervezas) del viernes por el trabajo con los niños de Perú»

Esta joven profesora (27 años) de Las Josefinas acaba de regresar de la ciudad peruana de Piura, donde ha participado como voluntaria en un programa de apoyo extraescolar y actividades lúdicas para menores en situación de pobreza. María Mateos. Oenegé Taller de Solidaridad

–¿En qué han consistido los trabajos que ha desarrollado en Perú como voluntaria?

–Mi labor ha sido como la de una maestra. Hemos trabajado en varios programas para niños de cero a 18 años en situación de pobreza, de hecho muchos de ellos trabajaban en un mercado colindante. Hemos dado clases extraescolares, en las que se trabaja mucho en valores y dando apoyo alternativo a las actividades del colegio. Los viernes por la tarde íbamos a las ludotecas, que se hacían en los asentamientos de Piura. Allí los niños viven en una extrema pobreza, sin agua potable, y las casas están hechas de materiales que no son muy seguros. En mi caso, también he trabajado con las madres de los niños, en muchos casos más jóvenes que yo. Me contaban sus experiencias: algunas eran mujeres maltratadas, otras habían sido abandonadas por sus maridos y a otras su esposo les era infiel y lo veían como algo normal. Preguntaban bastante por la vida en España y se asombraban de que yo con 27 años no tuviera hijos…

–¿Qué tipo de dificultades se ha encontrado allí?

–La diferencia fundamental es que no tienen recursos económicos y muchas de las actividades que yo tenía pensadas, que son las que se pueden hacer en cualquier ludoteca de aquí, no se podían llevar a cabo porque no tienen ni siquiera un simple globo de agua. Por ello la mayoría de las actividades eran habladas y no se utilizaba mucho material, a no ser que fuera reciclado.

–¿Cómo ha sido su estancia?

–Teníamos la opción de ir a una casa con más voluntarios o a una familia, y la verdad es que la idea de la familia me gustaba porque quería hacer una inmersión cultural lo más completa posible.

–¿Qué le ha aportado su estancia en Perú?

–Me he venido con una sensación agridulce, me hubiera quedado más tiempo. Justo cuando me venía empezó el proyecto de construcción de un parque infantil en el que los niños estaban muy implicados. Quise alargar mi estancia pero ya me fue imposible por motivos laborales.

–¿Animaría a otras personas a que siguieran sus pasos?

–Por supuesto, es una experiencia muy enriquecedora, muchísimo. Mucho más de lo que tú puedes aportar te aportan ellos a tí y regresas a España con un cambio de mentalidad total, aprendes mucho de todo lo que haces allí.

–¿En qué ha consistido ese cambio de mentalidad?

–Sobre todo a cosas que antes le dabas menos importancia ahora le das más. Yo cambié mi viernes de irme a tomar cañas después del trabajo por otros viernes de cuidar niños pequeños en Perú, y estoy orgullosa. Lo piensas y ves que la vida es quizá más banal aquí, todo se centra en el trabajo y el ocio, allí son más las experiencias. Además, no es normal que tu círculo de amigos comparta estas ambiciones y cuando vas allí te das cuenta de que sí, que hay gente que es igual que tú, de tu edad, que tiene que canalizar esas ganas de ayudar y participa en estos proyectos.

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